El niño de hollin


El tiempo floreció. Dylan vivía de lo que hallaba en los vertederos, y si crees que eso es lamentable peor era hacerlo en la inglaterra victoriana. La realidad, eso era lo único sujeto a la existencia de estas pobres almas huérfanas. Vivían con su “maestro” que los sub alimentaba para que siguieran entrando en los agujeros. Dormían todos juntos, en el suelo sobre los sacos y telas que utilizaban durante el día para recoger el hollín. El jefe los dejaba asearse al menos una vez a la semana, pero esto no ocurría nunca y lo normal es que 2 o 3 veces al año se bañasen en cualquier estanque de la ciudad. Tenían un único día de fiesta al año, el primero de mayo, el chico no lo entendía pero en su ignorancia era poco lo que el y los demás alegaban.


El día llegaba y con él el único sustento que le daba propósito a sus vidas. Deshollinando las chimeneas de personas de cuello blanco, por la noche se reían recordando a esos sujetos al compararlos con una imagen que uno de ellos mostró en la portada de un libro que había robado, había muchos animales pero no sabia distinguir el nombre de aquel espécimen tan gracioso, uno de ellos sin embargo sabia su nombre y exclamo "es un pingüino" y esa humorada los mantenía felices hasta el llegar del dia. Dylan odiaba aquel momento en el que se le obligaba a adentrarse en esos oscuros hoyos... Para su fragil mente era difícil dilucidar la razón de todo el sufrimiento. Sus heridas quedaban a carne viva, y cuando la única ayuda que recibes de tu amo es el frio consejo "Aguanta que ya sanara y podrás acostumbrarte" no es que puedas esperar mucho de esta vida. Muchas veces tuvo que ayudar a rescatar a sus amigos que de vez en cuando quedaban atascados en las chimeneas... En sus cortos 6 años en más de una ocasión tuvo que ver a sus compañeros morir... Y la única forma en que lograba seguir era comiendo sobras de lo que en un pasado era comida... Dura la vida. Pero era lo que había, quien era sin ese trabajo, un huérfano entregado a las calles... En el fondo conocía la corta mecha que suponía su vida pero mejor vivirla que olvidarla. 



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